Un día tenía que pasar

Estaba patético, tan gordo y tirado ahí, en el suelo. Su barba, manchada de sangre, se mezclaba con la arena mugrienta de aquél parque… Sus gafas se habían roto, mostrando un rostro demasiado humano. Los niños merodeaban a su alrededor, impávidos, decepcionados, sin señal alguna de dolor. No parecían esperar una resurrección repentina. Los más pequeños tiraban de sus grandes y negras botas. Le habían quitado ya el cinturón, con el que las pequeñas jugaban a la comba… La sangre había dejado de brotar y un charco cobrizo delimitaba el final de una larga y esplendorosa vida dedicada a hacer feliz a los demás mientras él, allí muerto, nunca tuvo un regalo con el que soñar…

Para continuar esta truculenta historia navideña entra en nuestro blog y escribe tu gran final: 1. Feliz Navidad; 2. Feliz Año Nuevo; 3. No quiero ser feliz en Navidad.
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4 respotes a Un día tenía que pasar

  1. Birdy-Milk dijo:

    Ufff…Me encanta pero que mucho…Que continúe como novela negra navideña,no?…O directamente gore…Un rey mago empalado en un árbol de navidad de plástico?

  2. Pingback: Feliz año nuevo | La Chincheta

  3. Prudenci dijo:

    Aquella imagen de los niños insensibles ante la sangre y el dolor hizo que apartara la mirada de inmediato y se dirigiera a su casa lo más rápido posible. Al abrir la puerta, una bofetada de aire caliente le dio en la cara así que empezó a quitarse el abrigo y aquella horrible bufanda que su madre le había regalado pocos días antes. Aún conmocionado, se dejó caer en el sofá y como un autómata encendió la tele. La chica del telediario apareció en seguida, luciendo una de sus típicas americanas de terciopelo y, des de su primera palabra, consiguió llamar su atención. La noticia era sobre un seguido de accidentes que habían tenido lugar en diferentes partes del mundo pero con un denominador común muy intrigante: en todos había muerto un Papa Noël. De un salto se levantó del sofá y se preguntó qué demonios estaba pasando. Siempre le habían gustado las historias extrañas, sobre todo las que quedaban sin resolver. Pero aquello, al haberlo vivido en primera persona, al haber visto con sus propios ojos la tragedia, le inquietó más que intrigó.

    Lo que él ignoraba era que, muy lejos de su casa, en una habitación tan sucia como fría, alguien había planeado todos aquellos accidentes des de hacía mucho tiempo. Alguien harto de las sonrisas de los niños, de las parejas cogidas de la mano y las canciones de amor. Lo mejor de todo aquel plan fue haber encontrado tanta gente dispuesta a unirse a la causa des de cualquier parte del mundo. No había sido fácil, eso seguro, pero finalmente habían podido emprender su camino hacia un mundo sin felicidad, sin esperanzas, sin buenos momentos. Acabar con la Navidad pues, solo era el primer paso. Y había salido bien.

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